The show must go on
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Peldaño tras peldaño borras las lágrimas de tu rostro… El show debe continuar… Lo sabes, es lo que te enseñaron toda tu vida.
Pones una y mil mascaras de felicidad, aunque por dentro estés destruida, aunque por dentro te sientas vacía… Aparenta felicidad, que todo es perfecto, que tu vida es perfecta… Siendo que sabes que no es así, siendo que sabes que te faltan muchas cosas para que tu vida sea perfecta… Para que tú lo seas.
Y así sigues caminando por esa escalera que te lleva al escenario que es tu vida…
Y mientras caminas lo único que quieres es salir corriendo, esconderte bajo los brazos de quienes entienden que simplemente eres humana y que puedes tener muchos defectos.
Pero no, el escenario te llama, y tienes que actuar otra vez… ¿Ahora vamos a ver tu show?... El show de las máscaras y la perfección… Mostrar al mundo que sólo existe felicidad y buenos deseos… Aunque en el fondo cada uno de tus espectadores envidia secretamente esa vida glamorosa y sin preocupaciones que aparentas llevar.
Las cortinas se abren… Y tu sonrisa, mil veces ensayada, sale a la luz… Tu espectáculo de luces y colores es nuevamente perfecto… Tu rostro nunca se quiebra…
Pero una lágrima silenciosa corre por tu mejilla, imperceptible para quienes no saben cual es tu verdadero sufrimiento.
Y todos aplauden, y todos te ovacionan… Todos sueñan en ser como tu…
Si supieran…
El telón se cierra, pero no te quiebras… Regresas por aquella escalera con tu mirada arrogante, mientras tus compañeros te felicitan por el buen espectáculo que diste… Te muestran sólo alegría y buenos deseos, aunque en el fondo ellos también envidian tu vida, y sueñan secretamente en estar en tu lugar…
Si supieran…
Llegas a tu camerino y muchos ramos de flores te aguardan… Un par de invitaciones indecorosas y una cita para cenar…
Las lees y rompes en llanto…
Y te sientes como la puta de turno… La que solo sirve para ser mostrada. La que en el fondo no vale nada para nadie…
Eres un objeto y lo sabes… Nadie te quiere por lo que eres, sino por lo que ven de ti.
Sigues llorando…
La llamada en escena dice que debes volver a salir en 5 minutos…
Tomas tu dignidad, la hechas en el bolsillo y te pones el indecoroso vestuario que debes usar en la siguiente escena.
Pones una y mil mascaras de felicidad, aunque por dentro estés destruida, aunque por dentro te sientas vacía… Aparenta felicidad, que todo es perfecto, que tu vida es perfecta… Siendo que sabes que no es así, siendo que sabes que te faltan muchas cosas para que tu vida sea perfecta… Para que tú lo seas.
Y así sigues caminando por esa escalera que te lleva al escenario que es tu vida…
Y mientras caminas lo único que quieres es salir corriendo, esconderte bajo los brazos de quienes entienden que simplemente eres humana y que puedes tener muchos defectos.
Pero no, el escenario te llama, y tienes que actuar otra vez… ¿Ahora vamos a ver tu show?... El show de las máscaras y la perfección… Mostrar al mundo que sólo existe felicidad y buenos deseos… Aunque en el fondo cada uno de tus espectadores envidia secretamente esa vida glamorosa y sin preocupaciones que aparentas llevar.
Las cortinas se abren… Y tu sonrisa, mil veces ensayada, sale a la luz… Tu espectáculo de luces y colores es nuevamente perfecto… Tu rostro nunca se quiebra…
Pero una lágrima silenciosa corre por tu mejilla, imperceptible para quienes no saben cual es tu verdadero sufrimiento.
Y todos aplauden, y todos te ovacionan… Todos sueñan en ser como tu…
Si supieran…
El telón se cierra, pero no te quiebras… Regresas por aquella escalera con tu mirada arrogante, mientras tus compañeros te felicitan por el buen espectáculo que diste… Te muestran sólo alegría y buenos deseos, aunque en el fondo ellos también envidian tu vida, y sueñan secretamente en estar en tu lugar…
Si supieran…
Llegas a tu camerino y muchos ramos de flores te aguardan… Un par de invitaciones indecorosas y una cita para cenar…
Las lees y rompes en llanto…
Y te sientes como la puta de turno… La que solo sirve para ser mostrada. La que en el fondo no vale nada para nadie…
Eres un objeto y lo sabes… Nadie te quiere por lo que eres, sino por lo que ven de ti.
Sigues llorando…
La llamada en escena dice que debes volver a salir en 5 minutos…
Tomas tu dignidad, la hechas en el bolsillo y te pones el indecoroso vestuario que debes usar en la siguiente escena.

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