Dignidad
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Es digno tener que vivir veinte años postrado en una cama, sin poder mover el cuerpo, sin otra movilidad más que la de tus ojos, vivir sin la capacidad de sentir. Es digno nacer para vivir tan sólo 3 años, para vivir tan sólo tres años de sufrimientos. Es digno prolongarnos la vida con aparatos que sirven sólo para prolongar más la triste agonía.
Estas, y otras preguntas similares, son las que acomplejan mi mente al momento de hablar del derecho a la vida, de ese derecho tan cuestionado por muchos ya que, pese a tener derecho a vivir, no podemos disponer de nuestra vida. ¿Querría yo estar postrada en una cama para el resto de mi vida? ¿Querría yo estar conectada a un tubo para poder vivir? Concretamente puedo decir que no a ambas preguntas, pero ello tan sólo es mi opinión.
Durante años el hombre ha desarrollado nuevas tecnologías que prolongan la vida, que nos permite disfrutar del buen vivir por más años, pero acaso tener que vivir conectado a un respirador artificial es clasificado como “buen vivir”, o es preferible tener un buen morir antes de llegar a duchas circunstancias. Estas nuevas tecnologías, acaso no sirven también para prolongar el calvario de vivir con una enfermedad, que al final va a terminar matando igual al organismo. Creo, también, que no es correcto prolongar la vida de una persona que, eventualmente por una enfermedad, va a morir igual, como es el caso de los síndromes degenerativos de la corteza cerebral, o el SIDA, a mi juicio, aquí es el propio individuo el que debe elegir si luchar por la enfermedad o simplemente dejar que ella siga su curso natural, puede que esto suene un poco inhumano de mi parte, pero creo que está de más del prolongar una tortura, es más creo que es injusto prolongar una tortura que sabemos que no tiene cura, con la ilusoria esperanza de que en algunos años más se encontrará una cura, creo que si es verídica la posibilidad de que un tratamiento pueda contrarrestar una enfermedad, el debe ser aplicado, pero en los casos en que los tratamientos no cesan la enfermedad, creo que su implementación debe ser voluntaria. Hoy en día al llegar a un hospital público, se producen muchas indulgencias que pasan a llevar la dignidad humana en el tema de la salud, los mismos médicos diagnostican enfermedades que no son, introducen tratamientos que no son los correspondientes, en fin, un sin numero de acciones que producen males mayores a quienes les son aplicados, muchas veces, a pacientes con tratamientos terminales se les aplican tratamientos que nada tienen que ver con el mal que experimentan, estos tratos son más indignos que dejar que la personas simplemente muera por el hecho de no hacer nada por su enfermedad. Hoy debemos, primero, solucionar este tipo de malas prácticas, antes de legislar en contra o a favor de la eutanasia o el aborto, se deben tomar medidas restrictivas para que los hospitales, y en general, los médicos no hagan malas prácticas, o prácticas experimentales con los pacientes terminales, las cuales les hacen pensar que su vida es indigna.
Millones son los enfermos terminales que claman por que su sufrimiento sea concluido, sufrimiento que se ha prolongado por las mismas tecnologías que los hombres hemos creado para tener un buen vivir. Es digno el hecho de vivir una tortura, que se ha visto prolongada, por tratamientos médicos costosísimos, que al final no llevaran a ningún buen resultado.
Hablar de la dignidad de las personas es un tema complejo, complejo porque ella puede ser abordada de muchas maneras, la dignidad de vivir sanamente, la dignidad de vivir en un lugar apropiado, la dignidad de poder formar una familia, en fin, la dignidad en la vida humana no sólo recae en el hecho de las enfermedades, el buen vivir es algo muy amplio, el buen vivir no sólo acarrea la salud, sino que también acarrea el trabajo, el hogar, la familia, y porque no decirlo la felicidad.
La Constitución Política de la República en su capítulo tercero habla de los deberes y derechos constitucionales, en su artículo 19 declara que “La Constitución asegura a todas las personas: 1. El derecho a la vida y a la integridad física y psíquica de la persona”. Aquí se habla de la dignidad física y psíquica de la persona, la dignidad física se puede traducir a que la constitución no permite el abuso y maltrato de la persona, de que su cuerpo no se vea menoscabado ni expuesto a torturas, acaso la prolongación de una enfermedad degenerativa no es una tortura para el cuerpo humano, acaso el seguir viviendo a través de un tubo no menoscaba la dignidad física y psíquica de la persona. A mi modo de ver si.
El aborto y la eutanasia reposan, en principio, en una interpretación del derecho a la vida un tanto diferente a la forma en que nuestros tribunales, y en si toda la sociedad, lo han entendido. Tradicionalmente, nuestros tribunales han sostenido que la vida es el don más preciado y fuerte de todos los demás atributos del hombre. Sobre esa base, han sostenido que el derecho a la vida es el derecho natural que tenemos a que nadie atente en contra nuestra, pero de ningún modo consiste en que tengamos dominio sobre nuestra vida misma. Es decir, para nuestros tribunales, el derecho a la vida nos protege tanto de las agresiones externas, como de las internas, estas segundas, las que uno mismo pretende inflingirse. Aunque las vidas son nuestras, pareciera que, nuestros tribunales, afirman que su dominio pertenece al Estado, así mismo, para la sociedad la vida pertenece a un ente superior, el cual va ligado con las creencias religiosas y culturales que influyen sobre ella.
Así mismo estamos claro que para la sociedad, para la jurisprudencia y para la doctrina, la vida es un derecho que todos poseemos, pero del cual no disponemos.
Por otro lado tenemos el derecho a tener una vida digna, esta es la base para quienes apoyan el mal llamado “derecho a la eutanasia” o “derecho al aborto”, quienes plantean que el Estado debe de permitir dichas practicas se basan en que los enfermos terminales y los niños no deseados no son personas que vivan de una manera digna, por lo cual mantener su vida será prolongar una injusticia, pero si nos ponemos a mirar de este modo, no también deberíamos matar a quienes no tienen trabajo, o a quienes no tienen un hogar digno, ellos también alegan que sus condiciones de vida son indignas, acaso sería la solución matar a aquellas personas que alegan tener una vida indigna. Creo que está de más decir que no.
Debo decir que mis opiniones, en cierto modo, se ven influenciadas por las creencias religiosas que se me han entregado, pero creo que hay un principio fundamental en la religión católica que a mí me deja las cosas muy claras frente a este tema, este principio dice “Dios pone las pruebas más difíciles a quienes más ama.
Hoy no debemos solucionar todo con leyes que atenten contra la vida humana, por el simple hecho de que si no se hace, clandestinamente igual se hará, lo que se debe hacer hoy es mejorar la situación de las personas terminales, amparar a aquellas embarazadas que no querrán a sus hijos. Es deber del Estado el asumir que las condiciones de vida de aquellas personas no son las más dignas, pero ello no se debe solucionar matándolas, sino que se debe solucionar mejorando las condiciones de vida de ellas, cuidando que médicos descriteriados no hagan malas practicas, cuidando que los últimos momentos de u vida no sean vividos como los de los perros de la calle, que los últimos momentos de cada persona, y en si su vida dentro del estado terminal de su enfermedad, sena vividos de la manera más digna posible, que aquellas personas no se vean pasadas a llevar por quienes dirigen los hospitales, que aquellas personas se den cuenta de que, pese a sufrir este mal que los apremia, su vida es tan digna como la de un ser humano con pleno uso de sus facultades.
Estas, y otras preguntas similares, son las que acomplejan mi mente al momento de hablar del derecho a la vida, de ese derecho tan cuestionado por muchos ya que, pese a tener derecho a vivir, no podemos disponer de nuestra vida. ¿Querría yo estar postrada en una cama para el resto de mi vida? ¿Querría yo estar conectada a un tubo para poder vivir? Concretamente puedo decir que no a ambas preguntas, pero ello tan sólo es mi opinión.
Durante años el hombre ha desarrollado nuevas tecnologías que prolongan la vida, que nos permite disfrutar del buen vivir por más años, pero acaso tener que vivir conectado a un respirador artificial es clasificado como “buen vivir”, o es preferible tener un buen morir antes de llegar a duchas circunstancias. Estas nuevas tecnologías, acaso no sirven también para prolongar el calvario de vivir con una enfermedad, que al final va a terminar matando igual al organismo. Creo, también, que no es correcto prolongar la vida de una persona que, eventualmente por una enfermedad, va a morir igual, como es el caso de los síndromes degenerativos de la corteza cerebral, o el SIDA, a mi juicio, aquí es el propio individuo el que debe elegir si luchar por la enfermedad o simplemente dejar que ella siga su curso natural, puede que esto suene un poco inhumano de mi parte, pero creo que está de más del prolongar una tortura, es más creo que es injusto prolongar una tortura que sabemos que no tiene cura, con la ilusoria esperanza de que en algunos años más se encontrará una cura, creo que si es verídica la posibilidad de que un tratamiento pueda contrarrestar una enfermedad, el debe ser aplicado, pero en los casos en que los tratamientos no cesan la enfermedad, creo que su implementación debe ser voluntaria. Hoy en día al llegar a un hospital público, se producen muchas indulgencias que pasan a llevar la dignidad humana en el tema de la salud, los mismos médicos diagnostican enfermedades que no son, introducen tratamientos que no son los correspondientes, en fin, un sin numero de acciones que producen males mayores a quienes les son aplicados, muchas veces, a pacientes con tratamientos terminales se les aplican tratamientos que nada tienen que ver con el mal que experimentan, estos tratos son más indignos que dejar que la personas simplemente muera por el hecho de no hacer nada por su enfermedad. Hoy debemos, primero, solucionar este tipo de malas prácticas, antes de legislar en contra o a favor de la eutanasia o el aborto, se deben tomar medidas restrictivas para que los hospitales, y en general, los médicos no hagan malas prácticas, o prácticas experimentales con los pacientes terminales, las cuales les hacen pensar que su vida es indigna.
Millones son los enfermos terminales que claman por que su sufrimiento sea concluido, sufrimiento que se ha prolongado por las mismas tecnologías que los hombres hemos creado para tener un buen vivir. Es digno el hecho de vivir una tortura, que se ha visto prolongada, por tratamientos médicos costosísimos, que al final no llevaran a ningún buen resultado.
Hablar de la dignidad de las personas es un tema complejo, complejo porque ella puede ser abordada de muchas maneras, la dignidad de vivir sanamente, la dignidad de vivir en un lugar apropiado, la dignidad de poder formar una familia, en fin, la dignidad en la vida humana no sólo recae en el hecho de las enfermedades, el buen vivir es algo muy amplio, el buen vivir no sólo acarrea la salud, sino que también acarrea el trabajo, el hogar, la familia, y porque no decirlo la felicidad.
La Constitución Política de la República en su capítulo tercero habla de los deberes y derechos constitucionales, en su artículo 19 declara que “La Constitución asegura a todas las personas: 1. El derecho a la vida y a la integridad física y psíquica de la persona”. Aquí se habla de la dignidad física y psíquica de la persona, la dignidad física se puede traducir a que la constitución no permite el abuso y maltrato de la persona, de que su cuerpo no se vea menoscabado ni expuesto a torturas, acaso la prolongación de una enfermedad degenerativa no es una tortura para el cuerpo humano, acaso el seguir viviendo a través de un tubo no menoscaba la dignidad física y psíquica de la persona. A mi modo de ver si.
El aborto y la eutanasia reposan, en principio, en una interpretación del derecho a la vida un tanto diferente a la forma en que nuestros tribunales, y en si toda la sociedad, lo han entendido. Tradicionalmente, nuestros tribunales han sostenido que la vida es el don más preciado y fuerte de todos los demás atributos del hombre. Sobre esa base, han sostenido que el derecho a la vida es el derecho natural que tenemos a que nadie atente en contra nuestra, pero de ningún modo consiste en que tengamos dominio sobre nuestra vida misma. Es decir, para nuestros tribunales, el derecho a la vida nos protege tanto de las agresiones externas, como de las internas, estas segundas, las que uno mismo pretende inflingirse. Aunque las vidas son nuestras, pareciera que, nuestros tribunales, afirman que su dominio pertenece al Estado, así mismo, para la sociedad la vida pertenece a un ente superior, el cual va ligado con las creencias religiosas y culturales que influyen sobre ella.
Así mismo estamos claro que para la sociedad, para la jurisprudencia y para la doctrina, la vida es un derecho que todos poseemos, pero del cual no disponemos.
Por otro lado tenemos el derecho a tener una vida digna, esta es la base para quienes apoyan el mal llamado “derecho a la eutanasia” o “derecho al aborto”, quienes plantean que el Estado debe de permitir dichas practicas se basan en que los enfermos terminales y los niños no deseados no son personas que vivan de una manera digna, por lo cual mantener su vida será prolongar una injusticia, pero si nos ponemos a mirar de este modo, no también deberíamos matar a quienes no tienen trabajo, o a quienes no tienen un hogar digno, ellos también alegan que sus condiciones de vida son indignas, acaso sería la solución matar a aquellas personas que alegan tener una vida indigna. Creo que está de más decir que no.
Debo decir que mis opiniones, en cierto modo, se ven influenciadas por las creencias religiosas que se me han entregado, pero creo que hay un principio fundamental en la religión católica que a mí me deja las cosas muy claras frente a este tema, este principio dice “Dios pone las pruebas más difíciles a quienes más ama.
Hoy no debemos solucionar todo con leyes que atenten contra la vida humana, por el simple hecho de que si no se hace, clandestinamente igual se hará, lo que se debe hacer hoy es mejorar la situación de las personas terminales, amparar a aquellas embarazadas que no querrán a sus hijos. Es deber del Estado el asumir que las condiciones de vida de aquellas personas no son las más dignas, pero ello no se debe solucionar matándolas, sino que se debe solucionar mejorando las condiciones de vida de ellas, cuidando que médicos descriteriados no hagan malas practicas, cuidando que los últimos momentos de u vida no sean vividos como los de los perros de la calle, que los últimos momentos de cada persona, y en si su vida dentro del estado terminal de su enfermedad, sena vividos de la manera más digna posible, que aquellas personas no se vean pasadas a llevar por quienes dirigen los hospitales, que aquellas personas se den cuenta de que, pese a sufrir este mal que los apremia, su vida es tan digna como la de un ser humano con pleno uso de sus facultades.

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